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domingo, 30 de septiembre de 2012

El otoño se viste de añil y ocre

Añil, azul de pursia, cobalto, azul ultramar, índigo, glasto, azul egipcio o de Berlín...Los colores que acompañan los vientos del otoño son, desde el punto de vista cromático, más cercanos a un prematuro invierno. Sin embargo, el índigo, en combinación con los tonos ocres y tierra sombra tostada dan como resultado una paleta que calienta la frialdad del azul ultramar transformándola en una combinación innovadora y fresca.




















Un poco de historia

La consagración del azul intenso como color de moda tiene lugar en los siglos XVII y XVIII, gracias al uso del índigo como colorante natural y al descubrimiento, en 1709, de un nuevo pigmento artificial que permitía obtener nuevas tonalidades como el azul de Prusia. El azul, en esta época, pasa a ser el color del progreso, de la luz, de la libertad del movimiento romántico. En Francia, nace en esa época el azul como color político, símbolo de los defensores de la República (en oposición al blanco de la monarquía y al negro, del clero). Los pintores de la época empiezan a teñir de azul de Prusia sus cuadros...


Siglos después...

Esa reminiscencia romántica y vanguardista aún perdura en el añil hoy en día. Y qué lugar mejor que el hogar para reivindicar y poner en práctica los cambios que imprimen esta nueva época. Sin embargo, no hay que irse muy lejos para materializar esta combinación tan elegante como histórica: añil y ocre...

El otoño ya está aquí. 

La seriedad y moderación que acompañan al azul intenso puede romperse de manera sencilla incluyendo toques más cálidos. Desde el verde limón, hasta el tierra pasando por todas las tonalidades del ocre. Transformar el espíritu histórico de este color es muy sencillo si ponemos en marcha un poco de imaginación. Un cuadro, una silla estilo isabelino o un simple portarretratos pueden dar un giro de 180º a un estancia con predominio de azul prusia. El resultado, una habitación cálida y elegante al mismo tiempo.




Otra opción para espíritus menos arriesgados es aquella en la que predominan las masas de colores neutros, tales como el blanco, los tonos piedra, los cremas, marrones u ocres. En este caso, el contrapunto, se consigue añadiendo toques de índigo a través de texturas, materiales, iluminación y mobiliario. De esta forma, conseguiremos imprimir en el ambiente la elegancia fría del azul sin traspasar la barrera del ambiente "palaciego". El resultado, una decoración formal pero con una imagen fresca y vibrante al mismo tiempo.
















El azul lavanda, en combinación con el ocre, puede añadir una nota florida en ambientes de tipo rural o de campiña francesa. Solo tendremos que añadir unas salpicaduras de blanco o verde crema para multiplicar esta sensación de calidez.